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Charlotte LeBlanc

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Charlotte LeBlanc

Mensaje por Charlotte LeBlanc el Miér Feb 06, 2013 12:12 am

Nombre: Charlotte LeBlanc.

Edad: 20 años.

Raza: Humana, piroquinética.

Orientación sexual: Heterosexual.

Lugar de origen: París, Francia.

Residencia actual: Liverpool, Inglaterra.

Habilidad o Poder:
Piroquinesis: Esta quinesis es el control del fuego, que te permite generar, controlar o absorber fuego. Esta muchacha, ha llegado a tener la capacidad de controlar el fuego a un rango de 20 metros de diámetro, pero por cierta cantidad limitada de tiempo.


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Descripción Física:
Cómo no va a llamar la atención si es una chica de un metro sesenta y ocho. No es para nada robusta, sino que es de una contextura delgada. A pesar de eso, no le faltan atributos, ya que posee un prominente busto y cadera, sin contar su cintura de avispa. Sus extremidades son largas y delgadas. Como la miren, parece una modelo de alta costura. Su rostro está enmarcado por su larga cabellera ondulada, la que al nacer era de un tono cobrizo, pero con el pasar de los años (y por culpa de su indecisión) fue teñida un millar de veces hasta encontrar el color preciso, azul, sin contar los distintos estilos de cabello que poseyó. Paso de estar largo a corto infinitas veces. Ahora, ya se encuentra decidida a dejarlo largo. Su nariz, recta y delgada, acentúa sus altos pómulos. Sus ojos, de un color verde azuloso, nunca dejan de estar resaltados por el delineador negro. Además, posee unas pestañas negras y largas. Su piel blanca y tersa está decorada por dos simples tatuajes: Un corazón pequeño y de color rojo en el vientre, y una frase, “soulmates never die”, en sus costillas. Su voz es bastante versátil. Puede pasar de cantar guturales hasta el canto mezzosoprano.

Descripción psicológica:
No es una persona muy fuerte, psicológicamente hablando. Es bastante sentimental y delicada. Esto la ha hecho parecer débil cuando era pequeña. Además, siempre salía herida cuando se relacionaba con personas ajenas a su familia, por lo que prefiere ocultarse tras un velo de fortaleza y frialdad, de esa forma no la lastiman cuando interactúa con otros individuos. A pesar de esto, no deja de ser una chica apasionada, detallista, preocupada y tierna; aunque, solo ocurre con las personas que se han ganado su cariño y respeto. Es bastante risueña; le encantan los animales y la naturaleza, pasar días enteros nadando en el agua, a pesar de que esto contradiga completamente la fuerza de su elemento. Todo esto ocurre porque aún no le gusta su habilidad. No soporta la idea de tener un poder mayor que los demás. Sobre todo, de un elemento que casi destruyó sus vidas.

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Historia:
Nacer el 11 de noviembre en Francia, significaba comenzar su vida en pleno invierno, con toda esa nieve cayendo y sintiendo el penetrante frío en sus brazos, piernas, y cara. En definitiva, en todo tu cuerpo y por sus venas. Quizás desde ahí, había aprendido a ser fría. Le copiaba al invierno, siendo que su verdadera personalidad era verano. Pero este cambio en ella lo discutiremos más tarde.

Era hija única de una mujer de clase media, donde el dinero les alcanzaba para comer y mantenerse, pero no gozar de lujos. Eso no le importaba a Charlotte, ya que, con los cuidados y el amor de su madre, era feliz. Nunca conoció a su padre y su madre jamás le habló de él, a pesar de las mil y un veces que ella le rogó, nunca le explicó o le dijo algo al respecto. Solo se limitó a decir “Eres hija mía, con eso te basta. Te amo Charlotte”.

A pesar de vivir sola con su madre, ella tenía un tío que viajaba muchas veces junto a su familia. A la edad de tres años, conoció a su prima con la que desarrollaría una gran amistad en los seis meses que vivieron juntas. Luego de que la familia de su tío siguiera su viaje, su prima sufrió un accidente que le provocó la muerte, dejando una gran pena en el corazón de Charlotte.

Cuando ella tenía 5 años, descubrió que tenía poderes. Para ser más precisos, se dio cuenta de que era Piroquinética de una manera, un tanto, fuerte. Estaban en diciembre. El frío que hacía le llegaba a congelar los dedos de las manos, por lo que decidió prender la chimenea. Al intentar hacerlo con fósforos y ver que no funcionaba, se enfureció tanto que deseo prenderle fuego a la chimenea, y de pronto, toda se encontraba en llamas. Ella entró en un estado de shock, no podía creer lo que sucedía. De pronto, de la chimenea saltaron pedazos de madera incendiados a la alfombra y esta prendió. Y así comenzó a propagarse por toda la casa. Charlotte, aún confundida, no reaccionaba ni se movía, hasta que de pronto alguien ingresó a su casa, tiró la puerta de una patada y entró a rescatarla.

Luego de estar un rato con aquel hombre de cabello cobrizo, llegaron los bomberos y su madre. Él le explicó que ella tenía un poder especial, que podía controlar el fuego y que podría hacerlo a base de entrenamientos. A pesar de que lo escuchó, no le creyó. Cómo iba a ser posible que ese fuego lo hubiera provocado ella. Y más aun, que pudiera tener el control de un elemento que era tan salvaje. A la llegada de su madre, el hombre que la rescató, se fue. Solo le dio un beso en la frente y un apretón de manos como despidida. Se miraron con su madre y pronunciaron algunas palabras que ella no pudo escuchar. Luego, solo se marchó.

Se vieron sin hogar. Desesperada, su madre llamó a su hermano, que le prestó un loft estilo minimalista en el centro de París. Charlotte se odió a sí misma luego de que quemó la casa en la que vivían, pero no podía hacer nada para remediarlo. Su madre solo le sonreía y le decía que no sucedía nada malo, que eran cosas naturales. Pero… Cómo demonios iba a ser natural el que ella pudiera haber prendido en llamas la chimenea. ¡No! Algo estaba mal con ella, lo sabía.

Su madre le hablaba acerca del fuego cada vez que podía, pero ella la ignoraba, hasta que una noche, llegó un joven diciendo que la entrenaría. El tipo era un adolescente de unos quince años, de cabello cobrizo y ojos verdes; bastante guapo. Ella se rió en su cara, pero su madre estaba seria. Le dijo que esto era necesario para que no ocurrieran cosas como en su antigua casa. A Charlotte le explicaron que él era un pariente lejano y que también tenía las mismas habilidades que ella, pero que las controlaba. Su nombre era Claude.

Así comenzó a pasar su vida, entre entrenamientos y escuela. A pesar de que Claude no era una mala persona, no le gustaba entrenar. No le agradaba ver cómo controlaba el fuego o cómo este salía de sus manos, lo odiaba. Claude siempre la animaba a seguir con los entrenamientos. Le decía que tenía una gran capacidad para dominar su poder, pero ella no se motivaba de ninguna forma. Aunque sabía que todo lo que le decía era verdad, Charlotte sola se daba cuenta de los resultados de su duro entrenamiento, pero no le interesaba ni tampoco lo iba a hacer.

A los seis años supo que su prima estaba viva. Ella no había muerto, solo estaba entrenando sus poderes. Esto la hizo feliz y revivió una parte de su corazón que se había ido junto a su prima. En el entrenamiento de esa semana, fue aun más hábil que antes. La buena noticia le había ayudado a controlar más sus habilidades. Al sanar su corazón, también podía encontrarse más serena y con una mayor capacidad de control, como también en estados de rabia podía salir un poder tremendo y desenfrenado. Todo esto se lo contó Claude al hablar con ella en una ocasión, y la felicitó por demostrar su gran destreza.

A los siete años, se enteró de que su mamá tenía cáncer, y que estaba luchando contra esa enfermedad para estar con ella. Esto la hizo entrar en una tremenda depresión, en la que la única luz para su amargura era Claude. A pesar de que seguían entrenando y que cada vez mejoraba más, no le gustaba. Prefería estar con su madre en la clínica. Cuando tenía ocho años, en el verano, su madre murió. El estado de depresión de Charlotte se agravó y no tenía control sobre su poder. Todo lo que hacía, resultaba en lenguas de fuego que quemaban todo a su alrededor. El loft le recordaba demasiado a su madre y esto la descontrolaba, por lo que Claude decidió llevársela hasta Inglaterra. Él tenía una casa ahí y podrían mantenerse ambos. No había problemas, él estaría con ella.

Ya instalados en Liverpool, su única compañía era Claude y una mecha de fuego que ella hacía en sus manos en las noches, en honor a su madre. Poco a poco, con el cuidado de Claude fue saliendo de su depresión e interesándose más y más en sus poderes. Ya no se descontrolaba como antes y podía hacer durar aún más el fuego en sus alrededores.

Su interés en el colegio también incrementó. Comenzó a estudiar más historia y se enfocó en la arqueología. Le hacía feliz poder ver cosas más antiguas y comprender el mundo. Así vivió hasta los 15 años junto a Claude, hasta que este fue asesinado. Encontró restos de su sangre y ropa. Esta, quemada y destrozada. No sabía que había pasado, pero él no estaba y no volvió nunca más. Lloró por su muerte durante mucho tiempo, pero no dejaba que ya nada la derrumbara. Ella se mantendría fuerte por el recuerdo de sus dos personas más preciadas.

Su cabello cobrizo le molestaba. A pesar de que controlaba bien sus poderes, el verse de tanto rojo le enfurecía un poco. Por lo que se lo cambió de color un millón de veces, hasta se cortó el pelo de una manera radical, solo dejando un dedo de cabello en su cabeza. Pero nada de esto le gustaba, hasta que decidió dejarlo largo y se lo tiñó azul. Estaba feliz. Poder tener algo que era contrario a ella, como lo era el agua, la reconfortaba.

No tuvo buenas experiencias en su vida amorosa. Varias decepciones y malos entendidos la hicieron comportarse más fría ante los demás y cerrar su corazón. Ya nadie se aprovecharía de que ella estaba sola. No más. Si tenía que construir una coraza entre el mundo y ella, lo haría.

Y así transcurrió el tiempo. Ahora tiene 20 años, está en su tercer año de Arqueología. Alta, delgada y de cabello azul. No era una chica normal, bueno, sus poderes tampoco lo eran.

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Datos Extra:
Le gusta cantar y es bastante buena en eso. Su voz es muy versátil.

Tiene un gato llamado Dimitri.

Le gusta la ropa sencilla. Un jeans y una camiseta están bien para ella.

El invierno es su estación favorita del año.

Siempre tiene cuidado con las abejas en verano, ya que es alérgica.

Encontraba que su color de cabello era demasiado parecido al fuego. Por esa razón, lo cambió.
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Charlotte LeBlanc
Piroquinético

Mensajes : 14
Fecha de inscripción : 19/01/2013
Lugar de Residencia : Inglaterra, Liverpool

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